Guadalajara desde la mirada de un migrante: trabajo, vida y futuro compartido
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Omar Nivar Castilla, secretario de Integración de PSOE Guadalajara
Creo firmemente que las mejores oportunidades de una ciudad nacen cuando personas con miradas distintas se sientan a conversar.
Llegar a España, específicamente a Guadalajara en el 2015, siendo migrante es comenzar una historia de esfuerzo, adaptación y esperanza compartida. Quienes hemos elegido esta tierra, no solo venimos a buscar oportunidades, venimos a trabajar, emprender, formar familia y contribuir activamente al desarrollo de la ciudad, la provincia y todo el país.
Hoy, un segmento crucial del motor económico local opera gracias al trabajo de miles de personas migrantes. De acuerdo con los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) correspondiente al cuarto trimestre del 2025, Castilla-La Mancha registró un aumento de afiliados en la Seguridad Social de 805,000 contribuyentes anualmente.
La EPA afirma que las personas migrantes hemos ocupado más de la mitad de los nuevos puestos de trabajo creados en años recientes, lo que evidencia que estamos presentes en los grandes centros logísticos del Corredor del Henares, en la construcción, en el comercio local, en peluquerías, tiendas de alimentación y pequeñas empresas familiares que impulsan la revitalización de zonas completas.
Además, mantenemos servicios esenciales en el entorno del hogar, en la hostelería y en el cuidado diario que facilita el funcionamiento normal de la sociedad, sin mencionar empleos con mayor calificación profesional como médicos, ingenieros, odontólogos, informáticos, trabajadores sociales, enfermeras y otros.
Nuestro aporte no es solo en lo económico, es también demográfico. En una región marcada durante décadas por el envejecimiento, las familias migrantes han contribuido a la natalidad, llenando escuelas, parques y espacios públicos de vida. Cotizamos, trabajamos y ayudamos a sostener el sistema de pensiones, formando parte activa del equilibrio social y económico.
Pero para comprender bien este presente, es necesario mirar al pasado. En el libro "La población de Castilla-La Mancha en los siglos XIX y XX", el historiador José Camacho Cabello describe con rigor fenómenos como el éxodo rural, la despoblación y el envejecimiento que marcaron profundamente a la región. Aquella Castilla-La Mancha que veía marcharse a sus habitantes es la que hoy recibe a nuevos pobladores que contribuyen a reactivar su tejido social y económico. Lo que antes fue pérdida demográfica, hoy se transforma en arraigo, diversidad y dinamismo.
Esta transformación no es solo demográfica, también es política y social. Como bien destacan los autores Felipe Centelles, Fernando Mora y José María Bleda en su obra ‘Construcción de la identidad política (Castilla-La Mancha)’ que destaca cómo la identidad regional se ha configurado más por experiencias compartidas y procesos históricos que por elementos culturales homogéneos.
Castilla-La Mancha, a diferencia de otros territorios, ha construido su identidad desde la convivencia, la cooperación institucional y la suma de trayectorias diversas. En ese proceso, la población migrante no es un elemento externo, sino un nuevo actor que continúa esa misma lógica histórica de construcción colectiva.
Las ferias interculturales que actualmente celebramos en la provincia de Guadalajara reflejan precisamente esa identidad abierta: espacios donde la gastronomía, la música y las tradiciones se convierten en herramientas de encuentro. No son solo celebraciones; son mecanismos reales de cohesión social.
En Castilla-La Mancha, la diversidad ya forma parte del presente estructural. Trabajamos aquí, emprendemos aquí, criamos a nuestros hijos aquí y contribuimos al sostenimiento del bienestar común. Por eso, el siguiente paso natural es la participación plena en la vida pública y política.
Es tiempo de tener voz.
La representación no es una reivindicación simbólica ni de floreros, sino una consecuencia lógica de nuestra aportación económica, social y demográfica.
La participación cívica de la población migrante, incluido su derecho a elegir y ser elegible cuando la legislación lo permite, puede fortalecer la democracia regional y local, ampliar la base social de las instituciones y seguir construyendo una región más cohesionada y diversa.
Porque Guadalajara se renueva con quienes llegan, y quienes llegamos ya somos parte esencial de su historia presente y de su futuro compartido.







